CARNAVAL

Para entender por qué nuestro Carnaval es uno de los más importantes de la provincia de Cádiz, debemos mirar a través de los ojos de quien dedicó su vida a estudiarnos: el catedrático de antropología americano Jerome Mintz.

Mintz llegó a Benalup en 1965 para investigar los Sucesos de Casas Viejas, pero a partir de 1978 su objeto de estudio cambió radicalmente: se enamoró del Carnaval. Durante años, recorrió 14.000 km desde Estados Unidos, alojándose en la Posada de Alfonsito el de Pérez y manteniendo una correspondencia constante con informantes clave como Pepe Colmena y Jesús Mañez, quienes le enviaban los libretos de las agrupaciones.

Fruto de esta pasión fueron su documental “Carnaval de pueblo” (emitido por Discovery Channel) y su libro “Las coplas de carnaval y la sociedad gaditana”. Pero, ¿qué vio Mintz en nuestro pueblo que no encontró en otros lugares?

Según Mintz, el Carnaval era mucho más que una fiesta grande; era el espejo donde se reflejaban “los anhelos, los miedos y las bromas sobre el pueblo” a través de las letras y los disfraces. Para él, Benalup era un lugar donde “el ingenio y la rabia de los hombres los dotaban de una particular independencia”, siendo el Carnaval la expresión máxima de esa singularidad.

Mintz destacaba la diferencia fundamental entre Benalup y los pueblos vecinos:

 

  • Mientras en Alcalá de los Gazules, Medina Sidonia, Conil o Vejer, la energía social se centraba en romerías y santuarios dedicados a la Virgen, en Benalup los propósitos eran fundamentalmente sociales.

  • Nuestro Carnaval no se centraba en milagros, sino en las flaquezas humanas.

Al ser una fiesta que pertenecía a la gente de las clases sociales más humildes, Mintz observó cómo las clases altas solían rehusar la participación. Unos temían ser objeto de “crítica y chismes desenfrenados”, otros se escandalizaban por la “vulgaridad” o el trato irrespetuoso, y muchos se asustaban ante el rechazo popular a obedecer las leyes civiles” que mantenían el orden social establecido.

En definitiva, Mintz documentó lo que nosotros siempre hemos sabido: que nuestro Carnaval es la fiesta de la participación, de la crítica, de la alegría y del doble sentido. Una celebración capaz de invertir el orden establecido para dar voz, a través de la ironía, al sentir de todo un pueblo.