LOS SOÑADORES (COMPARSA)

Soñadores  de lealtades

✨ CARNAVAL 2026 ✨ 

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💥 IDEA ORIGINAL: Juanma Vera y "Landa" 

🚀 DIRECCIÓN: Salvi Macías 

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UN VIAJE ENTRE EL SUEÑO Y LA REALIDAD QUE ENSALZA EL PATRIMONIO COPLERO DE NUESTRA TIERRA

A menudo olvidamos, o no tenemos en cuenta, la importancia del Libreto de Carnaval, cuando es mucho más que el soporte de un repertorio: es la evidencia del esfuerzo y el lugar donde se imprimen los agradecimientos; ese tejido de lealtades que permite que una agrupación salga a la calle.

'Los Soñadores', en este apartado, desglosan una gratitud profunda hacia quienes han apoyado su sueño: desde la logística municipal y la cesión del local de ensayo, hasta el apoyo de los comercios locales y las manos expertas tras su indumentaria. Mencionan especialmente el arte de la costurera y diseñadora, que ocupa un lugar en sus propias filas. Al final del libreto dedican unas líneas a quienes, con sus zancadillas, han alimentado su orgullo: 'Querer destruir algo y terminar haciéndolo más fuerte no debe ser fácil de llevar'. Han remado contra la adversidad 'endureciendo la piel', según cuentan. La agrupación termina con un guiño al lector: 'A ti, que sin tener por qué, te has leído todo esto', recordándonos que el Carnaval es un acto de complicidad entre quienes cantan y quienes escuchamos.

Un sueño hecho realidad

El inicio de su repertorio es una invitación a soñar. Con la oración exhortativa "da la luz... y a soñar”, el "yo carnavalero" deja de ser humano para presentarse ante nosotros como un fiel escudero de la imaginación y un pequeño guardián de nuestros anhelos; como los hijos de la Luna, seres que velan nuestro sueño mientras dormimos entre nubes de algodón. Se definen como ayudantes de Morfeo, encargados de fabricar nuestros deseos, mostrándose nerviosos e ilusionados. El grito de complicidad "dale tu luz, compañero" marca el inicio de su viaje en Carnaval.

“Encienden” la tanda de cuplés con el "Bombilla" y su característica mochila de guardería, donde solo caben «un zumito y un bocadillo». El toque histórico llega con la aparición de la Virgen de 1986, otorgando más fe a los antiguos "enchufes" de Cabaña que a los milagros divinos. No falta el dardo a las rotondas, esos «platitos de café», y el accidente de un camionero en Correro, con la respuesta de Mari Paz al conductor: "Muchacho, no pidas na, que son las nueve y estoy cerrando". El bloque cierra con crónica social: desde la soltería de Kiko Rivera hasta la ruptura de Andy y Lucas, rematando con una ingeniosa paronomasia entre «untar» y «juntar». Entre cuplé y cuplé, en el estribillo, “Los Soñadores" velan para que podamos soñar con calles libres y piden que el aroma del Carnaval dure, al menos, “cinco minutitos más”.

Si los cuplés son la risa, los pasodobles son la desnudez emocional y la crítica. Empiezan con una letra que sabe a amistad, contándonos cómo surge la comparsa y el objetivo que persigue: cantar a su tierra con el orgullo de haber reunido a viejos amigos. Con tono valiente, el siguiente es una denuncia a la privatización que, bajo el nombre de Wakana, se ha convertido en “un cortijo con cadenas por treinta monedas", rechazando la alternativa municipal como una copia sin identidad. Continúan con una crítica a la figura del “matón con placa”, a quienes usan el uniforme para infundir miedo, pidiendo que la autoridad vuelva a ser escudo y no rifle. No falta la sensibilidad hacia la figura de la abuela, “raíz de su sangre y estrella a seguir”, en una letra de perdón y agradecimiento. Cierran con una denuncia al acoso escolar (que no bullying, porque tenemos palabras en nuestro idioma) señalando la cobardía del maestro cuando ignora el grito sordo del niño y recordándonos que, cuando hay un suicidio, la sociedad siempre llega "demasiado tarde".

El popurrí invita a abrir el alma para volar sobre los deseos, aunque pronto aterriza en la crudeza laboral: denuncian que, mientras Morfeo no descansa, el trabajo se vuelve pesadilla bajo empresarios que esclavizan y leyes que asfixian. Tras señalar la avaricia y el racismo, la comparsa halla su "refugio de paz" en la gente que cuida desde el silencio. Al despuntar el día, mientras el pueblo despierta y ellos se retiran a dormir, nos dejan una lección final: la magia te hace invencible si no dejas de creer. Se despiden celebrando esa fábrica de sueños que es el Carnaval con una promesa: "Buenas noches tengan todos, volveremos a soñar".

LOS SOÑADORES: UN VIAJE ENTRE EL SUEÑO Y LA REALIDAD QUE ENSALZA EL PATRIMONIO COPLERO DE NUESTRA TIERRA 

¡¡ENHORABUENA!!